LA MUERTE
La muerte es una de las realidades más ciertas de la existencia humana. San Juan Bosco, el gran educador de la juventud, les decía a los jóvenes estas palabras latinas:
“Homo, humus; fama, fumus; finis, cinis”, que significan: “El hombre es barro; la fama es humo; el fin, ceniza”.
Por eso, la Iglesia nos dice el miércoles de ceniza: “Acuérdate de que eres polvo y en polvo te vas a convertir”. Ojalá que el pensamiento de la muerte nos ayude a vivir con seriedad la vida.
En siglos pasados, en muchos pueblos de Francia, Inglaterra y España, los serenos gritaban por la noche: “Vigilad, vosotros que dormís. Rezad por los muertos”. Si de algo estamos seguros, es de que un día vamos a morir. Ante la realidad de la muerte no vale la edad, la fama, el poder o la gloria. La muerte no respeta a nadie y nos ni vela a todos ante el más allá. Los santos la esperan y la desean con ilusión para encontrarse con el Padre Dios.
Los hombres mundanos la temen y la rechazan y les parece algo absurdo y sin sentido. Para ellos, sólo tiene sentido el gozo y el placer en este mundo. Por eso, prefieren no hablar de este tema. La muerte es hoy el gran tabú para muchos de nuestros contemporáneos. Un tabú del que no se debe hablar y se debe ocultar lo más posible. En otro tiempo, el gran tabú era el sexo y se ocultaba a los niños todo lo referente a él, pero sí se les permitía asistir al moribundo o al velorio del familiar difunto. Hoy se inicia a los niños en el sexo desde temprana edad, pero se evita hablar ante ellos de la muerte. Ya casi no se tiene el velorio en las casas, ése es un problema técnico para las agencias funerarias, adonde no se lleva a los niños. Los cementerios están construidos “a la americana”, con parques placenteros, con muchas flores, para evitar el mal gusto del pensamiento de la muerte.
Sin embargo, la muerte es una realidad y debemos enfrentarla con realismo, porque puede venimos en cualquier momento. Todos estamos en lista de espera. Pero, si somos creyentes, ¡qué diferencia al pensar que la muerte no es el final, sino el comienzo de una nueva vida, que es el puente entre esta vida y la vida eterna, que es la puerta de entrada al cielo! ¡Piensa en la eternidad! ¡Vive para la eternidad! Tú eres “astronauta” de la eternidad. Ése es tu destino, una vida eterna, feliz o infeliz, que te espera después de esta vida ¿Estás preparado para morir? ¿Estás en paz con Dios? ¿Tienes listas las maletas? No te preocupes tanto en acumular dinero u otras cosas. No pienses tanto en tener y tener y tener mas cosas, que no te podrás llevar. Acumula en tu corazón un tesoro de amor que te puedas llevar a la vida eterna.
¿Has pensado en tantos conocidos y familiares que “fueron” y ya no “son”? ¿Qué harías ahora, si tu médico te dijera que tienes cáncer y sólo te quedan dos meses de vida?
Toma en serio la realidad de la muerte para que puedas tomar en serio tu vida. Si vives con amor, la muerte será para ti un maravilloso encuentro con el Dios Amor, con el Padre Dios, que te espera y te ama y quiere hacerte feliz eternamente en el cielo. Pero no olvides que también existe una muerte eterna, que existe el infierno, y podría ser también para ti. ¿Dónde estarás dentro de cien años, cuando ya hayas muerto? Eso depende de ti. Si amas, tendrás vida; si odias y haces el mal, podrás estar “muerto” y sin felicidad eternamente en el infierno.
“La muerte no es el final sino el comienzo de una nueva vida”
Luis Victorio