VIVIR ES UN PRIVILEGIO

Publicado en por Luis Victorio

 

            Vivir es un regalo muy grande, que Dios te ha dado. No lo malgastes en vicios y placeres. Debes hacer con tu vida algo que valga la pena. Debes vivir para la eternidad. Hacer de tu vida una verdadera obra de arte, de la cual tu Padre Dios se sienta orgulloso. Pero ¿estás satisfecho de tu vida? ¡Qué tristeza llegar a viejo y darse cuenta de tantas cosas perdidas, que nunca se podrán recuperar!

 

            Habia una vez, un abuelito, al preguntarle su nieto qué estaba haciendo, le dijo:

-        Hijo mío, estoy haciendo el inventario de las cosas perdidas.

-        ¿De las cosas perdidas?

-        Sí, hijo. En mi vida he perdido muchas cosas. He perdido muchas oportunidades de hacer el bien, he perdido muchos amigos por mi mal comportamiento, he perdido tres hijos por el aborto, he perdido buenos trabajos por no haberme esforzado un poco más; hasta perdí el tener un título profesional por no haber estudiado lo suficiente. Y lo peor: perdí mi fe en Dios por haberme juntado con malos amigos. Mira, en los cincuenta años, que he estado casado con tu abuela por lo civil, muy pocas veces le he dicho: Te quiero. He perdido muchas bendiciones de Dios por no haber estado casado por la Iglesia y no haber podido confesar ni comulgar. Realmente, ahora, que he recuperado la fe, me doy cuenta de lo fácil que se pierde y lo difícil que es recuperarla. Estoy arrepentido de todas mis aventuras juveniles y quiero recuperar el tiempo perdido.

-        Abuelito, ¿cómo te sientes ahora, después de tantos años, con tantas cosas perdidas?

-        Me siento mal, pues mi vida debería haber sido una bendición para todos y, en muchas ocasiones, les hice sufrir y me aproveché de la ignorancia o de la debilidad de otras personas. Pero nunca es tarde para rectificar. Por eso, hijo mío, te recomiendo que nunca pierdas tu fe en Dios, nunca pierdas de vista que sin Él la vida no tiene sentido y todo está vacío y sin valor. Mira, he hablado con tu abuela y nos vamos a casar por la Iglesia. Le he prometido a Dios aprovechar bien el tiempo que me quede de vida y quiero que me perdone todos mis pecados para que, al presentarle mi inventario de cosas perdidas por tantos pecados, tenga compasión de mí y, por su misericordia, pueda rehacer mi vida y llenarla de amor antes de que sea demasiado tarde. Todavía tengo el privilegio de vivir y quiero morir estando bien preparado.

           

 

            Por eso decía Tagore:

 

Dormí y soñé que la vida era alegría.

Desperté y vi que tenía que servir.

Serví y vi que servir es alegría.      

 

El que no vive para servir, no sirve para vivir.

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