¡GRITOS DE UNA MUJER! (de la vida real)
En el sagrario de una iglesia, al final de una banca, un sacerdote encontró una bolsa de papel arrugado por manos que con furia quizás en el afán de trasmitir el dolor y sufrimiento que llevaba dentro. Adentro de la bolsa, un cuaderno con muchas hojas arrancadas, como tratando de ocultar partes quizás más dolorosas de la vida de los...¡GRITOS DE UNA MUJER!
A un Padre que nunca conoció. Una carta sin terminar.
Querido Papa:
Estas cartas nunca te van a llegar, porque no se quien eres, donde estas, ni como te llamas. Pero quisiera que alguien las leyera.
Nunca pude llamara nadie papa. Alguien que me levantara por los aires y me acercara a su corazón, y no los empujones, desprecios y golpes que he recibido durante toda mi vida. Todos tenemos derecho a los brazos de un padre, y yo porque no los tuve? Nunca nadie se percato de mis noches de llanto, de mi miedo y soledad.
Cuando veía a otras niñas de la mano de su madre me preguntaba: yo porque no?
Acaba de irse el último cliente de esta noche. Tengo 35 años y mi vida, ni antes ni hora, ha tenido sentido. Estoy cansada de vivir.
Todo me ha salido mal, no tengo nada que agradecer a nadie. Siento una rabia furiosa por todo y por
todos ¡Quiero gritar…! ¡Me Quiero morir…!
No tengo ni he tenido, pasado ni futuro, solo la desgracia de tener un cuerpo bonito que han deseado y desean, y que esta a la venta. Ahora ni eso me queda, ya me cuesta conseguir clientes y los que consigo es porque están demasiado borrachos para darse cuenta con quien están.
Me llaman “puta”. Según dicen, es la profesión más antigua del mundo. Es lo único que he hecho desde que tengo uso de razón. Podría escribir un libro, que nadie leería, sobre esos hombres sin rostro y sin nombre que llegan a mí para comprar unas horas de placer.
Todo el mundo me utiliza y ya no lo soporto. Nunca he oído un… “Te gusta?… Que te parece?… ¡Te amo!… ¡No puedo vivir sin ti!..”
Todos los que me buscan se buscan a si mismos, y uno se siente basura en sus brazos. En sucia mirada del interés. Me siento como una vaca que le ponen precio y cuanto más tiempo pasa, mas baja el precio. Para mí esta cerca el día en que no valga nada y entonces me tiraran a la calle: ¡Muérete!..
Sabias que nadie conoce mi nombre verdadero? Yo misma tengo que hacer un esfuerzo para recordarlo.
Tuve que inventarme uno pues nunca tuve papeles, nada que me dijera: Hija de fulano de tal y fulanita de tal... nada.
Siempre tengo la sensación de que estorbo en todos lados y por mucho que disimule, siempre se dan cuenta de lo que soy y se apartan de mi, aunque por la noche, amparados en la oscuridad me busquen, e intenten rebajar el precio.
La pura verdad, soy mercancía que se vende, pero según se deteriora, va bajando el precio. Al final, a mis 35 años, ya no valgo nada.
Siempre me cerraron todas las puertas, nunca me abrieron una.. Y da coraje. Solo un corazón se me abrió y me dio amor.
A veces sueño con un vestido nuevo de novia; con un esposo que me ame y unos hijos que lloren y me pidan pan. Hablando de hijos, he abortado muchas veces, que yo recuerde tres. Solo la primera vez duele, después no importa.
¡Para que traer hijos a que sufran!. ¡Maldita la hora en que mi madre me trajo al mundo y me olvido en un hospital!.
Porque no me aborto y no hubiera pasado por lo que estoy pasando?. Siempre he sido rebotada de casa en casa y en todas partes la misma frase: ¡Niña, quitate que estorbas!
Me criaron en una casa grande con otro montón de niños y niñas. Un día me escape esperando que alguien me buscara, pero ni en eso fui afortunada.
Desde que tengo uso de razón he llorado día y noche, con el tiempo las lágrimas se convirtieron en rabia y cólera. Desde muy niña mastique el desprecio. En mi cabeza de niña pensaba, si pudiera ser Dios, mataría a este y aquel. Fui, y creo que lo sigo siendo, muy violenta.
Estaba en mí todo el dolor reprimido y explotaba, con golpe, palabras y gestos. Era especialista en pelear, en ese campo nadie me ganaba, había demasiado odio acumulado.
Siempre tuve un montón de preguntas que hacer, que nunca nadie me contesto. Decían que era muy linda …pero sucia… y siempre terminaban diciendo una frase que me enfurecía ¡Pobrecita!.
Viví en un pueblo pequeño, tan pequeño que todo el mundo tenia derecho a meterse conmigo, para regañarme, castigarme… Hablaban de posible padres y de quien fue mi madre, pero todo era puro chisme. Las señoras me sacaban parecidos y durante años fui motivo de “ameno” comentario.
Después de escaparme de aquella casa grande, pase por tres hogares y los tres se cansaron de mí. Decían que no era conveniente.
Nunca supe a que se referían. Nadie se dio cuenta que tenia un corazón sediento de amor y me hubiera conformado con cualquier rincón de cualquier corazón.
Me violaron tres veces. La ultima vez tenia apenas diez años pero con cuerpo de trece. Las otras veces buscando un poco de pan y techo, y terminaba en eso; abuso, tocamientos.. y yo, volvía a escapar. Solo buscaba un poco de pan y un techo. Hace años que no busco nada, solo morirme y dejar de sufrir.
No me bastan los dedos para contar las veces que intente suicidarme, pero a ultima hora me faltaba el valor. La ultima vez que lo quise hacer le pedí a mi patrona que me ayudara y me respondió “…ni hablar chulita, que aun tenes bonito cuerpo…y todavía le podemos sacar raja….”
Cuando no podía dormirme y no tenia la pastilla o el cigarro de marihuana te imaginaba papa. Me dolió tu abandono y el de mama. Siempre me hice esta pregunta: Porque me dejo en el hospital abandonada? Porque lo hizo? Donde estará ahora? Seguro que debo de tener hermanos pero…
(En el papel donde se encontró esta carta hay una gran mancha y no se puede seguir leyendo, seguro que son las lagrimas de esa mujer) Sigue en otra página…
Solo hay un recuerdo grato en toda mi vida. Se llamaba don Agustín y cuando lo conocí ya era muy viejo.
Daba la impresión que nunca fue joven. Decían los vecinos que estaba loco, pero yo lo amaba con locura. Le llamaba abuelo y le conocí en una noche de lluvia.
Lo conocía desde muy niña pero nunca me atrevía a acercarme a el por lo que decía la gente. Es el único recuerdo limpio de mi vida.
Me decía con frecuencia “hija, eres linda y muy lista, llegaras lejos” ¡El creía en mi!. Me ponía sentada a sus pies y nunca me cansaba de escuchar sus historias maravillosas.
Una de las que más recuerdo era cuando me hablaba de Dios. Me decía: “…El te ama… es Padre y ama a todos sus hijos, sobre todo a los que sufren como tu”. Después me llevaba a la cama y yo me dormía pensando como seria ese papa Dios.
Muy de mañana me despertaba y le decía: ¡Abuelo, quiero verlo! Y me respondía. “Hija… lo tienes dentro de ti, no necesitas verlo, solo sentirlo”. Entonces me iba a una esquina del cuartucho y procuraba sentirlo… nunca sentí nada.
Al abuelo lo odiaban en el pueblo por una vieja historia, y vivía aislado y solo. Yo me acercaba a el y le decía “Abuelo me tienes a mi y nunca te dejare de querer”. Me abrazaba y volvía a repetir “hijita, eres lista y muy linda” y de sus ojos cansados brotaban gruesas lágrimas.
El me enseño a medio leer y escribir porque estuve muy poco en la escuela.
Un día, regresando yo de la escuela encontré la casa llena de mucha gente y me di cuenta que el abuelo había muerto. Llore y llore y maldije a todo el mundo y reclame a ese Dios Padre… Por que, si mi abuelo era tan bueno?
Desde entonces solo amargura y deseos de venganza anidaban en mi corazón. Creo que desde entonces me he deseado la muerte… Para que vivir sin mi abuelo? Por las noches me despertaba gritando: ¡Abuelo, porque no me llevas contigo, con ese Padre Dios del que me hablabas!….
Después de muchos años cargando con estos deseos de morirme, decidí buscar a ese Dios del que me hablaba mi abuelo y recordé aquellas palabras que me decía, cuando yo le preguntaba donde estaba ese Padre Dios…”dentro de ti.. hijita..” y me di cuenta que aun había algo lindo, sin contaminar dentro de mi, que era como una fuente cristalina.
Lamento no haberme dado cuenta antes. Además descubrí que era capaz de muchas cosas buenas y tome una decisión. Después de meses y años de tener arrinconado este cuaderno quiero seguir escribiendo.
Cuando empecé a escribir en este cuaderno pensaba suicidarme. Ahora he pensado que eso era fácil (no para mi) y queme mis vestido y con ellos deje la suciedad y me dedique a buscar a ese Padre que mi abuelo decía estaba dentro de mi.
Acariciaba esos recuerdos dulces de mi infancia. Esa noche metí el cuaderno en mi cartera, bote las pastillas, queme aquellos vestidos y salí a la calle. Era medio día. Quería oír su voz. En mi locura buscaba a mi abuelo y por supuesto, no lo encontré.
Cansada, siendo ya muy tarde, me senté en las últimas bancas de una iglesia que a esas horas de la noche estaba abierta con un montón de gente dentro. Ni los vi. Ni me vieron, me quede en un rincón esperando..Que?, ni yo misma lo sabía. Solo recuerdo que me quede dormida y sentí que alguien me abrazaba y besaba mi frente y me decía: “Duerme… yo te cuidare”.
Pensé que era mi abuelo, pero no era… era algo mas intimo que me daba calor y poco a poco ese corazón duro y lleno de ira y vergüenza, se fue vaciando y llenando de paz, una paz tan rica que nunca he podido olvidar.
Desde entonces nunca he faltado a la cita, una cita de amor, amor sublime. Encontré el AMOR de mi vida… Nada me importa pues soy importante para alguien.
En una de esas citas se me acerco una mujer modestamente vestida y me dijo: Te he visto aquí muchas veces, Donde vives?, tienes trabajo?.. Vivo sola y necesito ayuda y la compañía de una persona. El sueldo no es muy bueno… pero tendrás un cuarto, comida y ayudar a esta anciana enferma. Que te parece?
Le respondí a la señora que si. Tenía razón mi abuelo. ¡Lastima que no lo busque antes!
¡Adiós cuaderno!, te dejo en buenas manos. El conoce toda esta historia.
Siento que al desprenderme de ti, dejo atrás mi pasado.
……….(No hay nada mas escrito)
El sacerdote nunca conoció a la mujer del cuaderno. Solo encontró el cuaderno con muchas hojas rotas y arrancadas y con muy mala letra, lleno de manchas y faltas de ortografía. Estaba junto al sagrario en una bolsa de papel.
El sacerdote después de leer ese cuaderno no pudo más que llorar. Si, llorar por alguien que nunca conocerá.
Cuanta sangre de dolor había en esas hojas de papel sucio y arrugado. Le costo varios días al sacerdote descifrar lo que allí decía.
El dolor, la angustia y agonía traducida en su letra, lágrimas que cayeron mientras escribía esa mujer desconocida.
Cuantas personas hay en el mundo como ella?, mujeres que solo piden, una oportunidad, un poquito de amor.
Padre, Madre, hermano, esposo, busquemos a esas personas y no permitamos que nadie perezca por falta de ese poco de amor y de comprensión, y sobre todo mucha paciencia. La misma que nos tiene Dios padre. Cuantos jóvenes no han dicho mas de una vez “no me creen… no confían en mi… tengo que mentir para que me crean”
Cuantos seres humanos como esta mujer, buscan solo un rincón en el corazón o un lugarcito donde vivir..
Lo más triste es que ese ser que clama puede estar a nuestro lado y no nos damos cuenta, puede ser tu esposa, tu esposo, tu padre o madre, tu hijo o tu hija.
Cuantas cartas iguales o peores que esta, estarán escritas por allí, escritas con sangre de estos hermanos que sufren. O quizás cartas que nunca serán escritas y que llenarían el mundo de dolor.
Acaso no vino Jesús a dar sentido a este dolor? Hay un dolor que debemos de evitar y combatir y otros dolores que debemos aceptar y saber llevar como el Resucitado.
Hay demasiado dolor a nuestro alrededor. ¡No te acostumbres a el!.
Junio 99